En lo alto del monte de Gibralfaro, con la vista suspendida sobre el Mediterráneo y los tejados de la ciudad, los espacios comunes del Parador de Málaga Gibralfaro adoptan una nueva cadencia de sosiego y calidez. El equipo de Estudio Matiz, con el interiorista César Rodríguez Moya al frente, ha renovado la atmósfera del establecimiento mediante un lenguaje atemporal que rinde tributo directo a la luz costera, los pinares y los tonos arena de la costa andaluza.
Una pausa serena entre muros de piedra, textiles cálidos y la inmensidad del mar
La intervención huye de los artificios para centrarse en la textura de los materiales nobles y la fluidez del recorrido. En la recepción, una gran alfombra azul ordena el espacio de entrada remitiendo a las tonalidades del agua, mientras que el mostrador a medida, revestido en fibra natural, introduce un matiz artesano y cercano. Como contrapunto de memoria, dos antiguas descalzadoras del edificio han sido restauradas y retapizadas para integrarse en un conjunto dominado por sofás y piezas contemporáneas.
Oficio tradicional y formas orgánicas
El salón de clientes reorganiza su fisonomía para fomentar una estancia relajada. En este espacio cobran protagonismo unas butacas de nogal y enea diseñadas en exclusiva por un artesano sevillano, las cuales apelan a la memoria del mueble mediterráneo tradicional. A su lado, sofás modulares de contornos curvos aportan dinamismo al trazado sin restar sensación de amplitud.
En la cafetería, la actualización ha aligerado el conjunto visual con una barra de acabado pétreo ejecutada con materiales de superficie contemporánea como Dekton. Grandes bancadas perimetrales y sillas con armazón de madera se acompañan de soluciones de iluminación textil firmadas por Dajor y tejidos de marcas como Casamance, Crevin, Naturtex o Todobarro, creando rincones acogedores para cualquier momento de la jornada.
Un balcón sobre la bahía malagueña
El recorrido culmina en el comedor y la terraza exterior, dos áreas proyectadas para volcar la experiencia del visitante hacia el exterior. En el restaurante, una bancada corrida recorre la estancia orientando las mesas hacia la panorámica marítima, mientras que los tonos claros de los tapizados multiplican la entrada de luz natural.
Por su parte, la terraza se concibe como una mirilla privilegiada sobre Málaga. En ella, varias bancadas diseñadas a medida se encajan directamente en las arcadas de piedra del edificio, fundiéndose con la estructura original e invitando a contemplar el horizonte del mar desde la tranquilidad del monte.