La llegada de las terapias farmacológicas basadas en los receptores del GLP-1 ha transformado el debate sobre la salud metabólica, pero plantea preguntas esenciales sobre qué ocurre cuando la báscula empieza a bajar. En la búsqueda de un equilibrio corporal duradero, la farmacéutica y nutricionista Salena Sainz enfatiza que cualquier estrategia orientada a la pérdida de peso debe priorizar la protección de la masa muscular y el aporte nutricional adecuado para evitar el consabido efecto rebote.
Al frente de su consulta en Naturae Nutrición y tras plasmar su visión en el libro «La Revolución del GLP-1 natural», Sainz destaca que el peso corporal es solo una cifra parcial. Cuando el apetito se reduce, cada elección en el plato se vuelve determinante. Una restricción calórica drástica que no asegure proteínas, fibra y micronutrientes esenciales puede debilitar el organismo y comprometer la masa magra, indispensable para mantener un metabolismo activo y funcional.

Hábitos para una pérdida de peso consciente y estable
Para preservar el músculo mientras se reduce la grasa, resulta primordial acompañar las comidas principales con fuentes proteicas de calidad, como pescado, huevos, legumbres, aves o tofu, adaptando las cantidades a las necesidades individuales. Además, el trabajo de fuerza se convierte en el aliado indispensable para consolidar la tonicidad. La pérdida acelerada de volumen sin una estructura nutricional sólida incrementa el riesgo de recuperar los kilos al suspender determinados tratamientos, tal como advierten estudios clínicos como el ensayo STEP 1, donde se evidencia la importancia de asentar pautas de estilo de vida a largo plazo.
La propuesta que divulgamos en Vida & Style aboga por una alimentación variada sin caer en restricciones extremas ni regímenes punitivos. Priorizar verduras, frutas enteras, legumbres y cereales integrales ayuda a mantener la saciedad y a cuidar la microbiota. No se trata de eliminar hidratos de carbono tradicionales, sino de combinarlos con sabiduría junto a grasas insaturadas como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos o el pescado azul.
Ajustar las raciones al ritmo biológico y a las sensaciones de saciedad permite que la rutina alimentaria siga siendo efectiva tanto en momentos de poco apetito como cuando este reaparece. Concebir el bienestar como un proceso continuado y no como una intervención temporal es la verdadera clave para consolidar resultados y disfrutar de una relación serena con la comida.