RIAD, EL NUEVO EPICENTRO DEL LUJO, 96 HORAS PARA DESCUBRIR EL ALMA DE ARABIA SAUDÍ

| 16 octubre, 2025
Travel

Olvide todo lo que creía saber. En el corazón de la península arábiga, donde el desierto dorado se encuentra con un horizonte de cristal y acero, Riad late con una energía transformadora. La capital de Arabia Saudí ha dejado de ser un enigma para convertirse en el epicentro de un renacimiento cultural y social que redefine el concepto de lujo. No se trata de opulencia, sino de una dualidad fascinante: un viaje que transcurre entre la majestuosidad de una historia milenaria y la audaz ambición de un futuro que se escribe en tiempo real. Durante 96 horas, Riad se revela no como una ciudad para visitar, sino como una experiencia para ser vivida, un diálogo constante entre el patrimonio y la vanguardia.

Día 1: El Pulso de la Modernidad y el Eco de la Historia

La mejor forma de comprender la escala de Riad es desde las alturas. La jornada comienza en el Kingdom Centre, un icono arquitectónico cuya silueta en forma de ojal domina el cielo. Pero más allá de la estructura, es la panorámica desde su Sky Bridge, suspendido a casi 300 metros de altura, lo que ofrece la primera epifanía del viaje. Abajo, la ciudad se extiende como un tapiz tejido con autopistas de seis carriles, barrios tradicionales de adobe y distritos financieros que parecen extraídos de una película de ciencia ficción. Es aquí, con un desayuno en el cosmopolita Al Mamlaka Social Dining, donde se empieza a sentir el pulso de una metrópoli en plena efervescencia. El descenso nos lleva directamente al futuro: el Distrito Financiero Rey Abdullah (KAFD). Pasear por sus avenidas es como adentrarse en una galería de arquitectura a cielo abierto. Torres de cristal facetado reflejan el sol del desierto, mientras obras de arte público salpican plazas diseñadas para la interacción humana. La joya de la corona es, sin duda, la estación de metro concebida por la legendaria Zaha Hadid, cuyas curvas sinuosas y orgánicas emulan las dunas de arena en un movimiento perpetuo. Este es también el epicentro de la floreciente cultura del café de Riad. Una pausa en Toby’s Estate o Café Bateel no es solo un descanso, es una inmersión en un ritual social que fusiona la tradición del café arábigo con la sofisticación del specialty coffee global.

Al atardecer, el viaje nos transporta en el tiempo. Nos dirigimos a Diriyah, la cuna del primer Estado saudí. Su corazón, At-Turaif, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es una ciudadela de adobe meticulosamente restaurada que parece susurrar historias de reyes y dinastías. Caminar por sus laberínticas calles, palacios y mezquitas de estilo Najdi, bajo la luz dorada del crepúsculo, es una experiencia profundamente conmovedora. El distrito cultural anexo, Bujairi Terrace, fusiona este legado con el presente, ofreciendo una vibrante selección de restaurantes y galerías. La cena en Flamingo Room by Tashas es el broche de oro, un espacio donde la elegancia africana se encuentra con una cocina de talla mundial, todo ello con las antiguas murallas de At-Turaif como telón de fondo.

Día 2: La Pasión Ecuestre y el Espectáculo de la Noche

El segundo día se dedica a una de las pasiones más arraigadas en el alma saudí: el caballo árabe. Nos alejamos del centro urbano para llegar al Nofa Equestrian Resort, un oasis donde el tiempo parece detenerse. Cabalgar por las dunas ondulantes, entre acacias dispersas y el silencio imponente del desierto, es conectar con una herencia centenaria. Es sentir la simbiosis entre el jinete y el animal que ha definido la cultura beduina durante siglos, una tradición que hoy convive con la pasión por las carreras y competiciones de salto de clase mundial.

De vuelta en la ciudad, la energía cambia por completo al explorar Boulevard City. Este gigantesco distrito de ocio es la cara más lúdica y extrovertida de Riad, un paraíso de neón donde la música, el teatro y las instalaciones artísticas inmersivas cobran vida. La oferta gastronómica es un reflejo de su espíritu global: desde el mezze libanés en Seray hasta la refinada cocina italiana de Cipriani. Sin embargo, para una inmersión cultural auténtica antes del gran evento de la noche, la cena debe ser en Al Najd Village. Diseñado como una casa tradicional, aquí se sirven platos como el jareesh o el margoog, recetas cocinadas a fuego lento que hablan de hospitalidad y tradición. Es el preludio perfecto para una velada de elegancia ecuestre en el Longines Global Champions Tour, donde los mejores jinetes del mundo compiten bajo los focos en un espectáculo de una belleza y precisión extraordinarias.

Día 3 y 4: Bienestar, Tesoros Ocultos y la Inmensidad del Desierto

Los últimos dos días son un ejercicio de equilibrio entre el bienestar, el descubrimiento y la conexión con el paisaje. Una mañana de relajación en el spa del St. Regis Riyadh sirve para recargar energías antes de una tarde de compras en el exclusivo Solitaire Mall, hogar de las grandes casas de moda internacionales. Al caer la tarde, un paseo en bicicleta por el Sports Boulevard, un ambicioso proyecto que aspira a convertirse en el carril bici continuo más largo del mundo, revela la transformación de Riad en una ciudad que prioriza la calidad de vida. El cuarto día se reserva para la historia y los tesoros. El Museo Nacional de Arabia Saudí es una visita imprescindible. A través de sus ocho galerías, uno viaja desde el arte rupestre prehistórico hasta la audaz Visión 2030 que impulsa al país. De la historia a la tradición viva, nos perdemos en las callejuelas del Souq Al Zal, uno de los mercados más antiguos de la ciudad. Aquí, el aire está impregnado del aroma a oud y especias. Entre dagas antiguas, alfombras tejidas a mano y joyas de oro, el regateo se convierte en un arte y una forma de conectar con el alma comerciante de Riad.

El viaje no puede terminar sin una última inmersión en el paisaje que lo define todo: el desierto. A las afueras de la ciudad, un paseo en camello o una emocionante travesía por las dunas al atardecer es el clímax perfecto. Ver cómo el sol se oculta tras un mar de arena dorada, en un silencio absoluto, es una experiencia que imprime humildad y asombro. La cena final en Myazu, un referente de la alta cocina japonesa en la ciudad, sirve como metáfora del viaje: una fusión perfecta de tradición y modernidad global, el broche de oro a 96 horas que revelan a Riad como el destino imprescindible para el viajero que busca no solo ver, sino comprender.

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Inés Alvarez

Writer & Blogger

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